Bienal de Venecia 2013

Bienal de Venecia 2013

La Bienal de Venecia es la ventana global indiscutible para las artes visuales, que se realiza desde 1895. Reconocida como la instancia fundamental donde se entremezclan experiencias y se muestran trabajos de los más destacados creadores, curadores, teóricos y especialistas del mundo del arte.
Este año las ideas de su curador Maximiliano Gioni se inspiraron en el proyecto del edificio diseñado por el artista Marino Aurita en 1955, llamado Palacio Enciclopédico, nombre impuesto a la muestra veneciana que se realiza desde l de junio al 24 de noviembre.
Este gran museo imaginario abierto masivamente al público, con su noción de catálogo infinito, incluye 150 artistas de 37 países, 88 participaciones nacionales y 47 eventos colaterales. El recorrido establecido por el curador es laberíntico y rico como la propia ciudad que acoge la Bienal, con obras que cumplen la función de ser artefactos de representación y cuestionamiento,  y se dispersan dentro y fuera, del Arsenal, los Jardines  y la trama urbana a un lado y otro del Gran Canal.
Abarcar esta Exposición Internacional de Arte en su totalidad es casi imposible y menos aún en una visita de dos días. Elegí empezar por el Arsenal. Tomé el vaporetto Nº1 desde el Rialto donde me alojaba,  disfrutando en esa luminosa mañana estival, de la más maravillosa visión panorámica de La Serenissima, hasta llegar a la estación Arsenal.


Caminé por entre los viejos edificios exentos de su función original y al lado del Pabellón de la Santa Sede visité el de  Argentina. En la semipenumbra del inmenso espacio, donde alguna vez se almacenaron las municiones y las armas, la artista rosarina Nicola Costantino muestra cuatro instancias que testimonian “la figura emblemática” de Eva Perón, con el título original de “Rapsodia inconclusa”  Los dos primeros espacios constituyen un panorama fílmico con imágenes personalizadas por la propia artista y proyectadas sobre una pantalla semicircular donde se superponen, construyendo diferentes representaciones de su vida. En “Eva, los sueños”, se la ve caminando en la sala de su casa,  tomando el desayuno en deshabillé, hojeando una revista con un vestidito floreado, frente al escritorio en riguroso tailleur  con el peinado recogido en rodete y, finalmente, en “Eva, el espejo”, su figura fantasmal se multiplica frente al tocador de su alcoba, con el famoso vestido blanco de Dior lucido en el Colón. En el tercer espacio, “Eva, la fuerza” la figura es reemplazada por un corsé ortopédico, que la sostuvo en sus últimas apariciones públicas. En el cuarto, “Eva, la lluvia” un túmulo de lágrimas de hielo sobre una mesa acerada de quirófano, alude a su muerte y a la perduración de su mito en el pueblo.
El agregado de un  quinto “espacio informativo institucional” fue un acto considerado innecesario y que puede confundir la interpretación de la obra. Costantino dice “Mi intención es deconstruir esa imagen política y dogmática de Evita. Yo quise representarla desde un punto de vista más emotivo, íntimo y femenino”


Después de visitar otros pabellones, entre ellos cabe destacar el de Chile donde los espacios históricos de la Bienal terminan engullidos por las aguas, en una propuesta de Alfredo Jaar titulada “Venecia, Venecia” o bajo el binomio “Viceversa” en la que los expositores de la representación  de Italia dan cuenta de su solvencia artística, me dirigí tras una larga caminata bajo el sol estival a los Jardines para continuar con mi recorrida por naciones.
Finlandia, con su pabellón proyectado en 1956 por Alvar Aalto, actualmente magníficamente restaurado, España con la obra de la aragonesa Lara Almarcegui, una instalación con montañas de escombros de distintos materiales para reflexionar sobre la desaprensión frente al crecimiento urbano; Venezuela con su  propuesta de arte urbano, por nombrar sólo unos pocos.
Los envíos nacionales exhiben en general, una calidad bastante pareja, con una especial categoría museística. Es como si la diversidad que cada uno aporta formara parte de ese esfuerzo enciclopédico al que alude el título de la Muestra.

Pero como para ese sábado proclamaban los afiches en el laberinto urbano de calles, palacios y canales: “La noche veneciana del arte”, me dediqué a pasear y a entrar en diferentes actos y vernisages que ofrecían su disfrute.
En definitiva, soñar el mundo desde esta Bienal recupera la vocación de  laboratorio de ideas más que de formas. Por lo tanto es una buena escala de viaje, donde se nos proporciona la posibilidad de reflexionar sobre la temática, conocer nuevos artistas, insospechadas relaciones… y hacer pensar e imaginar, algo necesario en cualquier época y situación.

Julio, 2013                                                                       Graciela SCHMIDT

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